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Entrevista a Rodrigo Bazaes, director de la serie sobre Isabel Allende

13 de julio de 2021 | Experiencias

En Plataforma EC conversamos con el director de la miniserie biográfica “Isabel”, quien compartió algunos detalles de su carrera y nos contó sobre el proceso creativo de esta serie que se transmitió nacionalmente en el canal Mega para luego saltar a la plataforma internacional Amazon Prime.

El proyecto audiovisual «Isabel», sobre la vida de Isabel Allende, fue estrenado internacionalmente a través de la plataforma de streaming Amazon Prime hace algunas semanas. Es por eso que desde Plataforma EC quisimos conversar con su director Rodrigo Bazaes, quien nos contó en cómo fue el proceso de creación de la serie: desde la elección del guionista, el proceso creativo y los desafíos de crear una serie biográfica, hasta el rol de la crítica. Además, pudimos conversar acerca de su trayectoria creativa y saber un poco más sobre su reciente trabajo en Colombia: una nueva serie de uno de los libros del escritor Gabriel García Márquez.   

Trailer oficial de «isabel».

Bazaes, tiene una larga trayectoria en el mundo del cine y del teatro, es licenciado en Artes de la Universidad de Chile y formado como diseñador escénico. Fue director en las últimas temporadas de la exitosa serie “Los 80” y coguionista de las películas de Andrés Wood “Violeta se fue a los cielos” (ganadora del Gran Premio del Jurado del Festival de Sundance) y “La buena vida” (ganadora del Premio Goya como Mejor Película extranjera de habla hispana). Además, ha sido director de arte de numerosos filmes, como por ejemplo “Araña” y “Machuca”, también dirigidas por Wood. Ha ganado los Premios Apes, Altazor, Pedro Sienna, Coral y Gold Medal Best Thematic Development en la Expo Universal de Shanghai para Chile el 2010.

La escritora Isabel Allende tiene 78 años. Hacer películas, series o documentales de personajes que aún están activos siempre puede ser un desafío. El proyecto surgió hace más de tres años a raíz de una investigación realizada por un grupo de periodistas de Mega, y una previa indagación de la periodista Carolina Narbona. A esto se suma la obra de la autora y en especial su novela “Paula”. En este sentido, ¿qué es lo que define tu mirada como director en la serie? y ¿cuáles son los riesgos de realizarla mientras la autora siga publicando actualmente?

Como bien describes, una investigación maciza es fundamental para construir un biopic (serie biográfica) seria y profunda, los guiones, por su naturaleza esencialmente literaria, pueden estar sujetos completamente a la subjetividad. Son muchos discursos los que tienen que funcionar simultáneamente: en lo textual, en lo actoral, en lo visual y sus múltiples dimensiones, como en lo sonoro, en lo musical y más. Pero todas estas interpretaciones deberían conducir, aún en sus contradicciones, disociaciones, coherencias e incoherencias, a comunicar una idea central que se sostenga sobre premisas y un punto de vista narrativo. Así es como yo lo veo, y mi desafío en lo artístico estuvo puesto en lograr esa sinergia. La investigación no serviría de nada si no alcanza a madurar en la síntesis de un guión, y un guión va a morir en la hoja si no encuentra el punto de vista para desplegarse. 

Acerca de las premisas y desde la perspectiva psicológica me interesaba poner en tensión el dualismo entre la figura del padre y la madre, sobre todo el primero, que la conecta con el tanatos (el instinto de muerte), con la pulsión de ciertos episodios autodestructivos; y le plantea una forma de auto conocimiento que por añadidura la llevará a descubrirse como escritora. En lo más invisible de esta historia, idea que en lo personal me conmueve, estuvo siempre la pulsión por comprender el abandono, al punto de convertirlo en su propio acto y experiencia, hay una contradicción ahí, porque aunque parezca contradictorio, el personaje de la ficción, parece estar buscando el amor perdido. Para mí, las dos imágenes y virtudes claves, que me permiten enfrentar muchas otras escenas, están en el valor de una niña dispuesta a penetrar en la oscuridad de un sótano, sin saber lo que va a encontrar. La otra, el inicio de la serie, cuando la seguimos por la espalda, la misma niña que parece haber conseguido un amor  gigante e incondicional, a través de todos sus lectores y admiradores. La presencia de la madre le recuerda permanentemente el “deber ser”, con este debe lidiar todo el tiempo, esta fuerza es la que da densidad y humanidad a todos sus conflictos. 

Parte de las premisas fundamentales, era recrear un personaje complejo. Isabel Allende no ejerce un feminismo típico, en la ficción no vemos un personaje precisamente oprimido por su tiempo y su condición de género, ya muy joven es una viajera avanzada, hija de diplomáticos, nacida en Perú, con una vida de juventud en el Líbano y en otros países, una joven bilingüe, rodeada de alta cultura y con las herramientas y los espacios para expresarse. Nuestra voz en off lo dice “sentir el privilegio de poder decir lo que otras mujeres sueñan”, esa es la razón por la que me concentré en dos ideas; que su lucha era más bien de naturaleza existencial, por lo que buena parte del relato se concentra en construir a una mujer valiente, temeraria, curiosa, pero que por lo mismo, es capaz de meterse en problemas, siempre movida por un deseo o una pulsión incontenible por ponerse a prueba. Esa primera idea me ayudó mucho a tomar decisiones. La otra idea que define la parte final, le da cierta categoría de heroína trágica, pues cuando parece haber conseguido encontrarse a sí misma, la muerte de Paula, su hija, la enfrenta con su soberbia, pues vemos un personaje convencido de poder doblarle la mano al destino, pero ante el cual, deberá perder. Aquí no son suficientes ni su valentía ni su deseo; esto instala al personaje en nuestro final transformador; pues ella misma ha contado, que tras la muerte de Paula, se convirtió en una mujer diferente.

Respecto de los riesgos de biografiar a alguien vivo y popular como ella, son todos los imaginables. El más complejo de todos hubiese sido que en la etapa final, con el proyecto concluido, cuando el canal decide mostrarle el resultado, ella los hubiese rechazado y se hubiese opuesto. Corrimos un riesgo, pero a cambio, se consiguió lo mejor que podría haber pasado. Según ella, su vida privada, con hechos aún vergonzosos para ella, estaba tratada con dignidad. Nos escribió un e-mail muy sincero, en la misma fecha del cumpleaños de Paula, para compartirnos que había llorado de principio a fin; ver a la actriz Daniela Ramírez interpretándola le había devuelto por un momento su juventud, y por acto de magia, había visto resucitados a su madre, a su tata y al tío Ramón; olvidó que eran actores. No sé qué hubiese pasado si nada de nuestro trabajo le hubiese gustado. Ni pensarlo. En el tratamiento audiovisual es donde estaba el otro gran desafío, porque debíamos hallar la manera de darle forma al mito, imagínate, todas las expectativas sobre una vida tan intensa y acontecida como la de Isabel Allende. 

La serie fue escrita por Jonathan Cuchacovich, guionista y periodista chileno, escritor principalmente de televisión y de teleseries, ¿cómo fue este proceso de selección? y ¿de qué manera el guión aporta valor a la serie cuando se trata de la vida de una escritora?

Desde que yo fui invitado hace unos años atrás como director, ya existían unas primeras escaletas (lista de las escenas o secuencias de una historia), hubo una guionista en el primer teaser (adelanto de la serie). Ese proyecto se postuló a CNTV y no se obtuvo inicialmente. Un año después se reformuló con un nuevo equipo y un nuevo enfoque, donde fui nuevamente convocado. En esta etapa se pidieron otras propuestas de guión a guionistas mujeres y hombres, y que tomaran de base la investigación realizada por el área de no ficción. La propuesta que más gustó al canal, y también a mí, fue la de Jonathan, quien daba importancia a la visión arquetípica del padre y de la madre. 

Jonathan Cuchacovich imaginó la cabeza de una escritora como Isabel, con un sinfín de voces parlantes, que por su naturaleza de periodista, intenta organizar y darles sentido. La idea de romper la cronología típica, y mezclar tiempos paralelos, están en la base y motor creativo del guión. Jonathan es un buen veedor de series de televisión, conoce y respeta el formato. Nos conocimos en la última etapa de la serie “Los 80”, cuando él se integra al equipo de producción y contenidos. Lo vi desarrollarse en su afán por la escritura, y no me cabe duda de que conoce muy bien los avatares de hallar un espacio para convertirse en escritor, sobre todo si naciste en Chile. 

Mi interés estaba en trabajar para la pantalla chica, y el encargo del canal, si bien estaba interesado en la calidad del producto –abiertamente conscientes de querer interesar a las plataformas internacionales–, quería que el proyecto funcionara también comercialmente, por eso acoge la idea de Isabel Miquel, productora ejecutiva, quién gestiona los recursos para hacerlo posible. A mi juicio, los méritos del guión están en responder a todas estas expectativas y necesidades.

En esta línea, has realizado varios roles: director de arte, guionista, director, realizador, y más. ¿Crees que esta serie llega a completar un proceso personal como director de cine? En relación a estos roles, ¿dónde crees que te sientes más cómodo?

En la mayoría de los proyectos en los que he participado, ha sido por mi identificación por sus temas y los equipos artísticos que hay detrás. He sido muy afortunado de poder estar en diferentes roles. Mi formación audiovisual es absolutamente autodidacta, y si quieres que te confiese, a pesar de algunos premios internacionales con la escritura y haber dirigido una serie como “Los 80”, todavía me da pudor autodefinirme como guionista o director de cine, es raro, y quizás se explica por mi profundo respeto y admiración por estos lenguajes. 

El mismo proceso que hice en el teatro, diseñando, escribiendo y dirigiendo, lo hice lenta y conscientemente en el audiovisual. Con Isabel, confirmo que me siento cómodo y disfruto la ficción en formato televisivo, y sin complejos, me puedo conectar muy bien con un espectador masivo. Como siento que lo hicieron conmigo muchas series que guardo en mi memoria, que acompañaron mi infancia, y que metieron a sus personajes en mi casa. Cuando partí, muchos cineastas pensaban que era más fácil la televisión, y esto puedo decirlo porque por muchos años escuché un desprecio por el formato, mucho antes de convertirse en lo que es hoy la ficción actual. Yo mismo tenía muchos prejuicios, cuando recibí la invitación a integrarme en “Los 80”. Qué bueno que uno puede cambiar de opinión. 

Respecto de tu pregunta de dónde me siento más cómodo, la comodidad no es la idea que más me identifica. Soy un tipo hiperactivo desde pequeño, a los diez años ya me relacionaba con la música, el dibujo, la escritura, pero, sobre todo, dando órdenes a mis compañeros de curso o en el barrio para llevar a cabo eventos, festivales y obras de teatro. Todo lo he hecho para desafiarme y porque me gusta, jamás he querido ponerle un nombre a cada cosa o rol que hago. Aunque eso es lo que exige la lógica laboral, los catálogos y las firmas al final de un mail. Creo que el tiempo debe decir eso. La inquietud y la incomodidad son el motor que me mueve a inventar cosas o sumarme a otros equipos creativos. Siento como una especie de compulsión creativa, por los temas y por todo aquello que ayude a intentar definir eso que llamamos la Chilenidad. Siempre me vas a ver metido en problemas de ese tipo, y menos preocupado de mi rol, en eso soy ambicioso: el tamaño del desafío alimenta el deseo, me gustan los lugares multidisciplinarios, porque puedo hacer muchas cosas.

Las recreaciones históricas sin duda se han convertido en mi afán, y esperaría seguir acompañando a otros directores como director de arte, que ciertamente es el trabajo que me ha dado de comer. Pero, sin duda, si pudiera elegir el lugar ideal –quizás es poco realista en nuestro contexto local– estaría feliz de poder dedicarme a dirigir, en la pantalla y en los escenarios. Desde mi punto de vista, este rol consiste en reunir talentos, eso es lo realmente gozo. Con los años me he convencido de que un director es más fuerte y asertivo, cuando ha pasado por muchos lenguajes, y está compenetrado con el trabajo de técnicos y realizadores de todas las áreas. Si me ayudas a conseguir financiamiento para un largometraje, nos hacemos socios, y te invito a actuar. ¡Tengo hartas ideas!

La historia comienza en 1991 con la noticia de la internación de Paula, la hija mayor de Allende, ¿cómo se elige el inicio de una serie?, ¿de qué manera se realiza la selección en el mar de episodios de Isabel Allende?

La muerte de Paula es una bisagra en su biografía, un golpe traumático en pleno éxito profesional, y como ya he comentado, cambia radicalmente la mirada sobre su vida. Pero si hubieses puesto este hecho al final, sería un clímax algo abrupto e inconcluso. Esta agonía estructura la serie, y le da sentido al tono introspectivo y revisionista en el total. En la voz en off, en el estilo multitemporal del relato. Por eso la serie opta por inaugurar el argumento con este suceso, con la promesa de ir revisando el proceso, los hitos afectivos y profesionales que están en juego. Si lo piensas bien, están casi todos relacionados con la pérdida y la resiliencia, el error y la culpa, y terminan haciendo eco con el momento trágico final.

El otro pilar es su despertar creativo y expresivo, a lo largo de toda la historia, pero comenzar con la noticia de la internación de Paula, da al público la primera pista de que la serie se va a concentrar en sus conflictos más íntimos y privados, y no precisamente en el acto de escribir. 

En varias entrevistas comentas que la autora autorizó la serie, y que trabajaron sobre su obra, con su fundación, el archivo fotográfico, y la investigación. Comentas que Allende nunca incidió respecto del guión o los temas a tratar y que además tuviste la oportunidad de conocer. ¿De qué manera te diste libertad para ficcionar o no la serie? 

Si te paras sobre la base de una maciza investigación, puedes confiar en que conoces al personaje, mejor aún si sintonizas con alguno de sus conflictos o motores de vida. Fue un poco mi caso, y el del equipo, entonces pudimos completar aquello que ninguna biografía puede asegurar u otorgarse absoluta veracidad. Yo confío en los mecanismos de la ficción, que en su esencia, te exigen interpretar los hechos. El proyecto nace desde el área periodística del canal, y su finalidad fue siempre ajustarse a estos, todos los eventos son reales, pero el punto de vista de cualquier dirección, implica hacer operaciones de síntesis, otorgar más importancia a ciertos elementos y no a otros, y porque no, darle un poco más de aventura o intensidad cuando persigues la entretención televisiva.

La confianza para esto fue aún mayor, cuando Isabel Allende entiende de inmediato la naturaleza artística del proyecto, y como buena narradora, entiende las necesidades de la ficción. Aquello fue como un regalo y una licencia que recibimos todos el día que nos conocimos.

Has comentado que eres un hijo de la televisión y que esta miniserie busca entretener. La crítica, en el poco tiempo que lleva la serie ha sido positiva, la periodista Paula Vázquez, del diario argentino La Nación, el 4 de junio comentó: “Nuestra opinión: buena. La nueva miniserie ´Isabel: la historia íntima de la escritora Isabel Allende´, estrenada en la televisión chilena un día antes de su aparición en el catálogo de Amazon Prime Video, funciona a la perfección… Isabel funciona dentro de los márgenes que se propone, con la destreza que ofrece Bazaes detrás de cámara y la emotiva interpretación de Ramírez” 

La serie está siendo comentada en varios medios latinoamericanos y españoles, ¿crees que esto puede significar nuevas películas o series para ti como director?, ¿cuál es el rol que juega la crítica para ti?

Yo confío que me van a invitar a aportar en nuevos proyectos, en paralelo, hay que seguir buscando espacios de financiamiento para ideas más personales. Producir en Chile es muy difícil. Pero, aunque pensar y empujar un proyecto sostenible y de calidad es una idea titánica, yo prefiero identificarme con ese tipo de proyectos, no con uno que entienda la entretención con un desinterés por la calidad. He visto también muchos procesos ingratos con sus elencos y equipos artísticos, con tal de llevar a la pantalla una idea. Nos falta apoyo.

Respecto a la crítica, me parece un ejercicio estético fundamental. Aunque algunas veces se ejerce de forma mediocre, su ejercicio completa el desarrollo del arte, para mí no es prescindible, en un sentido ideal, deberíamos aprender de la observación del crítico. Hay comentarios que te pueden aplaudir y otros amargar tu carrera, en el mejor de los casos hacerla despegar. Una vez dirigí una obra de teatro para homenajear a Juan Radrigán en el Teatro UC, el título de una crítica decía que Radrigán se había quedado sin un homenaje a su altura, y que a mi me faltaban condiciones para dirigir todos los lenguajes dentro de una puesta en escena. La sala estuvo siempre llena de público, fue una bella temporada, mis colegas hasta me regalaron un Premio Altazor, con las nominaciones de todo el elenco.  

También es bueno observar estas diferencias de visión, sabiendo que las opiniones son siempre subjetivas. Por otro lado, te pueden llenar de flores, mientras todo el público sentado está pensando “qué película más aburrida”. Positivas o negativas, las críticas hacen memoria y producen debate estético. El éxito masivo o la intimidad con la que sea recibido un trabajo, no debería definir en tu lugar el valor que tiene para ti hacerlo. Las críticas gringas de Isabel con el estreno HBO Max fueron las primeras y también bien exigentes. Lo que me gustó de ellas, es que se concentraron en el valor de que buscamos hacer buena televisión, y pasaron inadvertidos las muchas carencias y detalles, para los cuales hubiésemos querido tener recursos y el tiempo para lograr mejor,  pero se concentraron en el viaje, en la mirada integral, en la precisión de tres capítulos para hacer caber una vida. 

En la miniserie podemos ver la historia íntima de la escritora Isabel Allende, la vida política, su activismo social, el feminismo y más. ¿Cuál de estos temas se vuelven más relevantes hoy?

Todos. Incluso otros más. Pero ninguno sin la interacción de todos, todas son dimensiones de la vida. Por eso surgió el descontento, por la falta de organicidad y articulación entre muchas necesidades, no solo prácticas o fundamentales. Por largos años hemos estado viviendo en una paradoja. Por eso ha debido ser radical y violenta la reacción. En resumen, es la vida íntima la que estaba deteriorada. Gracias a la crisis, de pronto ha comenzado a ser importante para todos, interesarse en la política, conocer de verdad la realidad del otro para entender la nuestra, identificarse y buscar soluciones conjuntas, cuestionarnos cómo hemos llevado nuestras relaciones o el respeto por lo diferente. El feminismo ha aportado de sobremanera a esto. Hemos tardado en entender que somos múltiples culturas e identidades conviviendo en un mismo territorio. Todos estos aspectos de la vida son fundamentales de abordar y de echar a andar de manera integrada, pero ojalá descubriendo nuestro espacio de convergencia y ver dónde nos reuniremos siempre, ya que sin convergencia no hay país. 

En una entrevista con Tele13 Radio comentaste que estás en Bogotá, Colombia trabajando en un proyecto internacional con un libro de Gabriel García Márquez: ¿Nos puedes contar sobre esto?, ¿qué te atrae de la vida de los escritores o escritoras?

Si, terminamos de grabar una miniserie sobre el libro “Noticia de un secuestro” de Gabriel García Márquez que está basado en la historia real del secuestro de figuras prominentes de Colombia durante la época del narcoterrorismo a inicios de los años noventa. Se trata sobre el cautiverio de un puñado de periodistas, y su intento por rescatarlos con vida. Esta miniserie cuenta con la producción ejecutiva de su hijo, Rodrigo García. Y su estreno Amazon está programado para el 2022. Yo fui invitado como director de arte (diseñador de producción, que es como se llama y organiza en las industrias grandes). 

Y lo que me atrae de la vida de las escritoras o escritores es que ¡los admiro, pero no los envidio! Porque yo me muero de saber que tengo que levantarme en la mañana ayudado apenas de un café y tener que escribir algo antes de que acabe el día. Es un acto de valor y de inteligencia, muy exigente y disciplinado. Aprendí a admirarlos con la cercanía que tenía con el dramaturgo Juan Radrigán. La dramaturgia y el guión, son para mí una dimensión distinta de la escritura. Según mi mirada, es una de las más difíciles. Otros opinan diferente, por ejemplo, una vez discutía con un amigo periodista, que defendía que ese era el lugar de la poesía, y otra noche, una mesa entera se peleó, defendiendo que lo más complejo de escribir era la novela.

Las series han puesto en relevancia la tarea de escribir; para mí, el guionista y el dramaturgo están obligados a lograr escribir en varias dimensiones y eso no es nada sencillo. Antes de la película, existe el guión, y sin la palabra, es bien difícil imaginar la forma final de una ficción. Las ideas deben poder inscribirse, ese es el punto de partida. 

Mi ejercicio con la escritura, ha sido placentero, hay una voz interior que aparece en tu cabeza, y sientes y confías en que vas a poder escribir de eso con naturalidad. Para mí, el autor más bien es un mago, que se mide a sí mismo sorprendiéndose de los conejos que va poder a sacar de su propio sombrero y para eso debe entrenarse. Isabel Allende ha dicho siempre que se siente una especie de canal, y que fluye escribiendo sin pensar. Siente que alguien le va susurrando al oído, que ve fantasmas que el resto de los mortales no. 

 ¿Hay algún proyecto que sueñas hacer o dirigir de algún personaje?

Víctor Jara. Creo que mi formación en el teatro y en el cine, me ha hecho imaginar que dirigiría una bella y novedosa versión musical. Algo que sueño de vez en cuando, hay muchas otras ideas, pero estamos hablando de biopic. Me identifico de manera íntima con su vida, con su épica y talento, también como provinciano, como exalumno de la Universidad de Chile, como hombre de teatro, conozco sus pasos, y también la herida de un padre ausente. Pero para que fuera un proyecto con vuelo, sincero, interesante, no habría que verlo exclusivamente como un mártir. 

¿Cómo fue tu ruta, tu camino creativo desde que terminaste tu licenciatura en Artes en la Universidad de Chile hasta “Isabel”? ¿Nos puedes contar tres hitos? 

Me formé como diseñador escénico. En el teatro puse en práctica distintos roles antes de atreverme a dirigir. Esa es mi cuna. Lo mismo ocurrió con el cine, llegué acompañando a directores diversos con la dirección de arte, y en un ejercicio similar, asumí diseños cada vez más complejos y seguí con el guión antes de dar un paso hacia la dirección. Me gusta ser parsimonioso y metódico. La invitación a «Los 80» me involucró con las series y la TV, esa fue una tercera y gran escuela, relacionarse con los medios masivos, hasta respetar y entender dónde están sus virtudes.

¿Cuál es el aprendizaje más importante en tu trayectoria que te gustaría compartir?

Soy autodidacta en la mayoría de las disciplinas que he ido sumando, y todas las he desarrollado por curiosidad o por gusto para conseguir sentirme más preparado. Aprender mediante la experiencia, a través del trabajo de otros y del estudio, es un camino personal posible. 

Yo partí con un cuaderno y un lápiz, hoy hay mucho acceso a la información, algo impensable cuando me inicié en los años noventa. Pero no estoy tan seguro de que siga intacta la verdadera vocación por conocer y aprender. Hoy veo con más fuerza la experiencia del hacer, e intentar resolver todo en ese acto, muchas veces es un parto instantáneo, repetido o poco original. Solamente con los años he logrado sentir la libertad de confiar en lo que procesé y simplemente hablar. Cuando observo el proceso de gente más joven, y no tan joven, pienso cuánto les interesará conocer todas las dimensiones de su trabajo, o entender o profundizar en lo que están inventando. Quizás es solo envidia sana entre generaciones.