8M: ¿Cómo elaborar un proyecto cultural con perspectiva de género?
6 de marzo de 2026 | Estudios, Informes, Noticias
- Todos los proyectos pueden incorporar la perspectiva de género. Hacerlo no sólo contribuye a la construcción de sociedades más justas e inclusivas, sino que también hace más eficientes y eficaces a los proyectos, enriqueciendo su gestión, producción y creación cultural.
En el contexto de un nuevo Día Internacional de la Mujer, que se conmemora este domingo 8 de marzo, se hace necesario revisar y reafirmar estrategias y prácticas que van en línea con la igualdad de derechos y la eliminación de toda forma de violencia y discriminación debido al género.
La cultura y el desarrollo artístico son espacios clave en los que resulta urgente incorporar un enfoque de derechos humanos y de igualdad de género. Estos ámbitos, como expresiones de la producción humana, escenarios para el ejercicio de los Derechos Culturales, y sectores laborales, requieren un tratamiento transversal que los posicione como objeto de políticas públicas y de acción estatal.
La Secretaría Ejecutiva de Economía Creativa, como parte del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, promueve el desarrollo de un sector cultural y creativo que incorpore estos desafíos, fundamentales de los derechos humanos, como lo reconocen los estándares internacionales.
En 2023, el Ministerio de las Culturas publicó la tercera edición del documento “Perspectiva de género y diversidad en proyectos culturales”, que contó con la asistencia de ONU Mujeres en el desarrollo de los contenidos. De este informe, extraemos parte del segmento “¿Cómo elaborar un proyecto cultural con perspectiva de género?”.
¿Por qué es relevante incorporar la perspectiva de género en un proyecto cultural?
La perspectiva de género es una herramienta que permite identificar mecanismos y acciones para transformar las normas, estereotipos, comportamientos, prácticas sociales, y legislaciones, entre otros factores, que refuerzan y reproducen las discriminaciones, desigualdades, y violencias basadas en el género hacia mujeres, niñas, y disidencias.
La finalidad de este enfoque es contribuir a la construcción de sociedades más justas e inclusivas, garantizando el pleno ejercicio de los derechos de todas las personas.
La perspectiva de género ayuda a mejorar los proyectos, haciéndolos más eficientes y eficaces, ya que permite enriquecer la gestión, producción y creación cultural al considerar la diversidad de los aportes, talentos, miradas, capacidades, así como identificar los nuevos desafíos que plantean la igualdad y no discriminación por razones de sexo-género.
La recomendación es transversalizar el enfoque, es decir, integrarlo en todos los sistemas y estructuras: en las políticas, programas, procesos de personal y proyectos, en las formas de ver y hacer, en las culturas y organizaciones. Esto requiere de compromiso y voluntad conscientes. Y si bien no siempre será posible implementar el enfoque de género en todos los niveles y procesos de forma simultánea, se hace fundamental considerar la importancia que este tiene. Esto significa avanzar en el diseño y planificación de acciones que contemplen las diferencias y desigualdades de género en las distintas fases y aspectos de nuestro trabajo.

¿Cómo se puede incorporar la perspectiva de género en un proyecto cultural?
Todos los proyectos pueden incorporar la perspectiva de género. No hacerlo es una decisión que puede limitar su éxito y sostenibilidad.
La perspectiva de género se puede incorporar en los diversos niveles de un proyecto: desde el contenido, diseño y la ejecución, a las relaciones del equipo de trabajo y las acciones en su gestión. Un buen diseño de proyecto y gestión de equipo permite identificar en qué ámbitos y cómo incorporar la perspectiva de género.
Por ejemplo: un proyecto cuyo tema sea la visibilización del trabajo de las mujeres en los diversos ámbitos culturales, desde una perspectiva de memoria histórica; así como la puesta en valor del trabajo de mujeres y disidencias como aporte al desarrollo de las culturas en el ámbito local y nacional.
Aun cuando un proyecto no tenga objetivos de contenido dirigidos a la igualdad y no discriminación por razones de sexo-género, puede incorporar diversos elementos que aporten directamente a eliminar las discriminaciones y efectos de las inequidades entre hombres, mujeres, diversidades y disidencias sexo genéricas, de modo que contribuyan a transformar las desigualdades de género de tipo estructural.
Ejemplo: Un proyecto que incorpore la perspectiva de género de forma transversal en su diseño y ejecución considera aspectos como la composición del equipo de trabajo, la distribución de roles, de horas de trabajo y de remuneración entre hombres y mujeres. Equipos de trabajo con al menos una presencia del 50% de mujeres permiten poner en valor las capacidades de las mujeres.
Otro punto relevante es la inclusión de la seguridad social en los costos de cada proyecto a través del ítem honorarios. Es importante considerar que las mujeres tienen peores condiciones de previsión social y de salud debido a la menor incorporación en el mercado de trabajo formal y menores salarios. Por ello, estos elementos conforman decisiones que impactarán positiva o negativamente en las condiciones de las trabajadoras en el corto, mediano y largo plazo.
Es importante que los equipos cuenten con alguna formación en género, o que puedan acceder a ella como parte de la preparación del proyecto, y que se comprometan con generar un entorno laboral libre de violencia de género, según estándares de las legislaciones internacionales y nacionales.
Desde la gestión de un proyecto, se pueden construir estrategias que privilegien el principio de economía local a través de servicios y compras, que se desarrollen en los territorios. A partir de estas, promover el trabajo colaborativo con organizaciones y emprendimientos que estén comprometidos con la igualdad y no discriminación de mujeres, diversidades y disidencias sexo genéricas; siempre considerando las realidades culturales de los territorios en los que se implementa.
Estipular la realización de reuniones periódicas del equipo de trabajo, en las que se considere la adecuación de ciertas acciones, incluso la programación de las mismas reuniones en virtud de las diferentes necesidades de las y los integrantes, entre ellas las responsabilidades domésticas, de cuidado y otras del ámbito familiar, es una práctica deseable desde el enfoque de género.
Por lo general, la responsabilidad de estas labores recae desproporcionadamente sobre las mujeres, afectando negativamente su participación laboral. Es por ello que la planificación de los horarios debe ser también un factor que se mire con perspectiva de género para evitar que se profundicen las desigualdades en el ámbito de la participación en el mercado del trabajo de la cultura.
Para conocer más detalles acerca de estos puntos, te invitamos a leer el informe “Perspectiva de género y diversidad en proyectos culturales”.


