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Emprender en la Economía Creativa

Chile necesita más emprendedores culturales, es decir, personas y colectivos dispuestos a emprender dentro de la economía creativa.

Emprender es concebir un proyecto y ejecutarlo. Es transformar las ideas en realidades. Emprender es una actividad al alcance de todos nosotros, y si bien implica esfuerzo, significa también un desafío con un potencial de retribuciones personales, sociales y económicas. Para su éxito, son fundamentales la motivación, la organización y la perseverancia.

El emprendimiento cultural, sin embargo, requiere ir un poco más allá. Quien emprende  dentro  de la economía  creativa necesita todo lo que cualquier otro emprendedor requiere, además de una motivación orientada a fines que no son netamente empresariales. A esa cualidad podríamos describirla como el deseo por modificar el entorno social.

Ese deseo de hacer algo creativo, sin embargo, debe ir acompañado de la capacidad de sustentar dicho emprendimiento creativo en el tiempo.

La pasión puede estar dirigida a cambiar nuestro entorno, puede guiar la voluntad por conservar o dar acceso a determinado patrimonio o difundir una disciplina artística particular, pero todo eso puede quedar en nada sin el sustento de un marco organizativo adecuado.

Un emprendimiento cultural se nutre de la creatividad para emprender en este sector, y esta materia prima es difícil de cuantificar y valorar en su justa medida. Es por esto que muchas veces los emprendedores en el ámbito de la economía creativa se sienten distanciados de los marcos tradicionales y formales del mundo del emprendimiento económico.

¿QUÉ ES FORMALIZARSE?

Formalizarse es el procedimiento mediante el cual un emprendimiento pasa a convertirse en una empresa. Para ello se debe constituir la empresa, definir sus características, iniciar actividades con tal de adquirir responsabilidades tributarias y obtener los permisos necesarios para operar.

La formalización  permite  adquirir  capacidades  financieras y la posibilidad de acceder a mayores espacios formales de fomento, instalación, apoyo, financiamiento, subsidios, formación para el capital humano, entre otros instrumentos que ofrece el Estado.

¿DEBO FORMALIZARME PARA EMPRENDER EN CULTURA?

Si buscas que tu idea germine, se desarrolle y se proyecte en el tiempo, lo más aconsejable es que te formalices. Si bien un emprendimiento cultural no está únicamente motivado por un fin empresarial o comercial, es importante manejar las herramientas de gestión que, bien aplicadas, transformarán nuestro proyecto en algo sostenible, capaz de crecer y justo con las personas que se involucren en él (los creadores, productores, difusores y trabajadores de todo tipo), en términos de su retribución económica y también entregándoles, por ejemplo:

√  Una mayor capacidad de acceder al público y a determinados espacios.

√  Potenciar la capacidad de internacionalizarse.

  Un desarrollo constante en el tiempo.

Para conseguir todo esto, muchas veces es fundamental formalizarse.

Formalizarse es constituir una empresa (definir sus características), iniciar actividades (adquirir responsabilidades tributarias) y obtener los permisos para operar.

Al formalizarte, tu actividad creativa comienza a ser visualizada y valorizada económicamente por el Estado. Esto es importante porque permite a la institucionalidad pública contar con datos fidedignos para caracterizar y cuantificar tu sector productivo.

De esta manera, el Estado puede generar políticas públicas cada vez más precisas y convertir al ecosistema creativo en un sector activo de la economía y a ti en partícipe del ordenamiento económico, social y cultural del país. Asimismo, la formalización de los emprendimientos en términos  tributarios permite que tu empresa sea admisible para postular a múltiples beneficios y programas públicos diseñados a partir de dichas políticas públicas.

Un emprendimiento creativo formalizado es capaz de dialogar, interactuar y colaborar con el mundo tanto de la economía creativa como de sectores más tradicionales. Sin embargo, es importante indicar que no todo proyecto cultural necesita formalizarse y que desde luego existen otras formas de llevar adelante proyectos de carácter creativo.

Para emprender en cultura hay una serie de pasos previos que, una vez completados, y dependiendo de tus objetivos o de la proyección de tu emprendimiento, permiten a través de la formalización crecer, operar, colaborar y acceder a mayor financiamiento.

La principal razón para emprender en cultura es poder hacer realidad o darle continuidad a tus proyectos, pese a que es fácil sentirse abrumado por el lenguaje del emprendimiento y el proceso de formalización y sus exigencias.

¿A QUIÉN LE SIRVE FORMALIZARSE?

Formalizarse es un paso necesario para aquellos agentes culturales que proyectan sus emprendimientos en el tiempo y que visualizan su espacio de trabajo como una cadena de proyectos. Para ellos, la formalización será una oportunidad.

Quizá todavía te preguntes por qué a un artista o alguien interesado en proyectos culturales se daría el trabajo de formalizarse. El siguiente ejemplo te puede ayudar a entender si para tu emprendimiento es beneficioso o necesario tomar este camino y por qué.

BENEFICIOS DE LA FORMALIZACIÓN

Incorporar a socios capaces de aportar capital y liquidez a tu emprendimiento cultural

La formalización permite acceder a mayor capital (la base del patrimonio con que cuenta  el emprendimiento, es decir, lo que vale en términos monetarios) y liquidez (la capacidad de una empresa de responder a sus obligaciones de pago a corto plazo, es decir, dinero en efectivo). Esto ocurre gracias a que se posibilita el ingreso normado  de nuevos socios, inversionistas o de acceder a instrumentos bancarios y otras fuentes de financiamiento.

  • Acceder a mejores modelos de financiamiento para tus proyectos
  • Relacionarse con otras empresas e instituciones que permitirán expandir tus posibilidades
  • Acceder a mercados más competitivos donde podrás encontrar más y mejores clientes y usuarios
  • Resguardar tu patrimonio personal y el de tus colaboradores
  • Resguardar a tu empresa y a tus trabajadores
  • Prevenir sanciones cumpliendo con las obligaciones tributarias
  • Acceder a programas de fomento diseñados para la economía creativa desde el Estado
  • Acceder a mercados internacionales