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Temores y Prejuicios al Emprender en Cultura

“Si te atrae una lucecita, síguela. Si te conduce a un pantano ya saldrás de él; pero si no la sigues, toda la vida te mortificarás pensando que acaso era tu estrella”.

Séneca

Nadie está obligado a emprender en cultura y menos a formalizarse, pero es importante reconocer que ciertas ideas y proyectos no podrán llevarse a cabo si tu emprendimiento no está formalizado. Por esto, es conveniente saber identificar si tu idea es o no un emprendimiento cultural, si tú o tu equipo humano constituyen o no una empresa, cuánto margen real de desarrollarse tienen y si tienes la suficiente motivación para llevar el emprendimiento adelante. Deshacerte de algunos prejuicios que pueden ser desfavorables para el desarrollo de tu proyecto es un paso importante para resolver estas interrogantes.

AL EMPRENDER EN CULTURA, ¿PERDERÉ MI LIBERTAD CREATIVA?

No, vivir de una actividad cultural no implica perder la independencia creativa. Una buena gestión de tu emprendimiento cultural, por el contrario, puede darte mayor independencia a la hora de producir.

Sin embargo, una mala gestión y una mala comprensión de la naturaleza del área creativa, cultural o patrimonial en la que se desenvuelve tu actividad, puede dificultar el equilibrio entre lo comercialmente rentable  y la independencia creativa, pero esto dependerá de tus elecciones personales.

Emprender  en cultura  no está limitado a cobrar por servicios o productos artísticos. También es impartir formación, proteger el patrimonio, difundir una actividad cultural o artística y crear espacios de colaboración; puede permitir acceder a financiamiento y becas, organizar eventos, asegurar la integridad de un grupo de artistas, artesanos o cultores de determinada arte, entre otros cientos de opciones.

Transformar una actividad cultural en una empresa puede abrir puertas y oportunidades creativas, asegurando vías de financiamiento, espacios normados de asociatividad y un mayor impacto en las audiencias o destinatarios. Conseguir esto es una de las principales motivaciones de quienes se formalizan.

Los gustos del mercado no tienen por qué determinar el curso de un emprendimiento cultural. Esa es justamente parte de la razón para formalizarse: en lugar de tener un financiamiento esporádico dependiente de las vicisitudes del mercado, de las redes de contacto o del azar, un emprendimiento cultural formalizado puede trazar una estrategia a mediano y largo plazo para su desarrollo, optar a diferentes fuentes de financiamiento y brindar protección económica a los emprendedores.

La formalización de un emprendimiento puede, además, posibilitar que el proyecto encuentre la vitrina adecuada para que sea apreciado y valorado en su justa medida. 

¿POR QUÉ TENGO QUE PAGAR IMPUESTOS POR MI CREATIVIDAD?

La formalización permite que un emprendimiento sea rentable, es decir, que genere beneficios económicos. Que un emprendimiento cultural no contemple como principal fin la obtención de beneficios no equivale en modo alguno a condenarlo a ser una fuente permanente de gastos no retribuidos ni recuperados.

Un proyecto cultural sin fines de lucro, como cualquier otro proyecto, debe aspirar a ser sostenible en el tiempo, y eso muchas veces implica ser sostenible  económicamente. No perseguir el lucro no es equivalente a manejar los valiosos recursos de un proyecto cultural de forma irresponsable, ni desperdiciar el potencial de la idea y el talento y pasión de las personas que han colaborado en el emprendimiento.

La información que te proporcionamos en esta página web esta pensada para la formulación y formalización de empresas de carácter creativo, y una empresa es, por definición, una organización con fines de lucro. Sin embargo, un emprendimiento  cuyo espíritu sea sin fines de lucro también puede apoyarse en este tipo de estructuras para volverse sostenible.

MI PROYECTO NO PERSIGUE EL LUCRO, ¿NECESITO FORMALIZARME?

La creatividad y las ideas no están sujetas a pagar impuestos, no así los bienes y servicios que de ellas surjan. Cuando un emprendimiento cultural se formaliza y asume obligaciones tributarias, adquiere una categoría en que sus bienes o servicios comienzan a tener un valor cuantificable y comparable con otros productos. Sus bienes se transforman en potenciales bienes de consumo y sus servicios, en servicios profesionales, afectos a impuestos

Los impuestos permiten a un gobierno cumplir con los objetivos que los ciudadanos le han encomendado, entre los que se cuentan  proveer bienes y servicios públicos y redistribuir la riqueza a través del gasto social. Para acceder a algunos de los beneficios públicos y sociales relacionados con el financiamiento de la cultura, la formación de capital humano  y el fomento al emprendimiento, es importante formalizarse, integrarse al sistema de tributación y dar garantías de que el emprendimiento cumple con las normas acordadas: laborales, municipales, de salubridad, de respeto al medio ambiente  y la cultura, entre otras. Así, al pagar impuestos estamos aportándole valor a nuestro propio quehacer.

No todos los proyectos culturales son idóneos para participar en este sistema, pero en algunos casos los beneficios de formalizarse superan sobradamente las obligaciones. La elección de formalizarse dependerá de cada emprendimiento particular y de la proyección social que el o los gestores quieran darle.

¿SOY UN EMPRENDEDOR CREATIVO? ¿LO QUE HAGO ES UN EMPRENDIMIENTO?

Una persona puede desarrollar un producto  creativo y comercializarlo. Eso no lo convierte en un gestor cultural, ni su actividad es necesariamente un emprendimiento. Pero puede que seas una persona que lleva adelante diferentes labores en el campo de tu arte o labor creativa. No sólo eres el creador, también eres el productor, el fabricante, el promotor o el vendedor.

En tal caso, podrías considerarte  un gestor cultural y, por consiguiente, un emprendedor; pero también puede que te consideres sencillamente un artista y que lo tuyo no sea convertirte en una empresa unipersonal, al menos por ahora. Depende de la proyección que le quieras dar a tu actividad.

El gestor cultural es quién gestiona y administra los recursos o servicios vinculados a la cultura, la creatividad y las artes, para acercarlos a la sociedad. Si sientes que ese es tu rol, estás un paso más cerca de la concreción de tu emprendimiento.

Por otro lado, quizás ya colaboras con un grupo de personas, o sientes que tu idea depende de que encuentres a las personas correctas con quienes colaborar. Por ejemplo, si tienes una buena idea con todas las características para convertirse en un emprendimiento cultural, pero no tienes el manejo de herramientas contables o no te atrae adquirirlas, deberías hacer como hacen muchos e invitar a alguien a tu equipo que tenga esos intereses o habilidades, o bien buscar a un especialista. Como sea, puede que ya estés en camino de formar una sociedad con el fin de emprender.

Puede que tu proyecto ya esté avanzado o que recién sea una idea que está germinando  en tu cabeza. En cualquier caso, es válido que aún no estés seguro de si eres un emprendedor creativo o no. Para emprender, por supuesto, se necesita motivación y pensar a largo plazo. Eso es fundamental: para saber si eres un emprendedor creativo y si debes formalizar tu emprendimiento, tienes que preguntarte a dónde quieres llevarlo y si estás dispuesto a invertir el suficiente tiempo y energía que requiere una empresa de cualquier tipo. También debes preguntarte si los prejuicios y temores mencionados anteriormente te afectan a ti o a tu equipo en algún modo.

Luego de resolver estas dudas, es importante que conozcas bien el capital intangible con el que cuentas: tu formación, tu experiencia y las personas con las que te quieres asociar para sacar adelante el emprendimiento. Y, sobre todo, debes tener claridad respecto de la naturaleza de tu actividad y los bienes o servicios que serán el producto de tu emprendimiento. Un análisis de todo esto te pondrá en condiciones de dar el siguiente paso.