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Dos mujeres creadoras en la Bienal de Diseño en Londres

3 de septiembre de 2021 | Noticias, Sin categoría

En junio de este año el Pabellón de Chile “Resonancias Tectónicas” recibió la London Design Biennale Medal, la medalla a la contribución más sobresaliente en la Bienal de Diseño de Londres. La muestra chilena, fue seleccionada entre 29 pabellones de distintos países del mundo. Desde Plataforma EC hemos realizado un seguimiento de esta muestra desde el comienzo del camino, cuando la página web de la Bienal de Diseño de Londres destacó el pabellón chileno, luego la presentación de esta muestra en Londres, su mención en la sección de viajes de la revista Forbes, hasta el día de la premiación (24 de junio), cuando Victoria Broackes, Directora de la Bienal comentó: “Este es el premio a la más destacada contribución en la Bienal, y reconoce una instalación, concepto y diseño excepcional”. 

Como parte de este recorrido, entrevistamos a dos mujeres fundamentales para esta muestra: Carola Ureta, quien fue curadora del pabellón chileno junto a Marcos Chilet, Martín Tironi, y Pablo Hermansen; y Macarena Irarrázaval, quien estuvo a cargo del proceso en Chile de la selección de las piedras de la obra. Ambas nos contaron cómo fue el proceso desde el inicio de la pandemia, los difíciles momentos que vivieron cada una, cómo fueron sus rutas creativas, los conceptos de la Bienal, y los consejos para quienes se quieran aventurar en el mundo de la cultura y la creatividad. Otra mujer fundamental en este proceso fue Valentina Aliaga, quien estuvo a cargo del diseño gráfico de la Bienal. 

Carola Ureta es diseñadora y Máster en gestión cultural y actualmente está estudiando un Máster en Visual Communication en Royal College of Art, Reino Unido. Macarena Irarrázaval, es escultora y ha desarrollado incursiones tempranas en escultura, dibujo e historia en la Escuela de Artes de Mulato Gil en Castro y la Pontificia Universidad Católica de Chile. Hoy en día, su taller ubicado en Cahuil (a pocos kilómetros de Pichilemu) está abierto para enseñar artes y oficios a la comunidad. 

¿Si tuvieras que definir tres temas que inspiraron el pabellón este año, cuáles serían? 

CU: Creo que serían, primero empezar a pensar el diseño orientado en el planeta considerando las fuerzas no-humanas también; luego abrir una puerta de entrada para decolonizar el diseño en Latinoamérica y por eso todo el trabajo con artesanos, entiendo a la artesanía como un antecesor a lo que se denomina diseño luego de la revolución industrial; y en tercer lugar la consideración por la sabiduría ancestral de los pueblos indígenas y toda la cosmovisión que envuelven, que sin duda nos pueden dar luces y guiar en esta nueva etapa que necesitamos comenzar para diseñar un mundo mejor, más consciente y más conectado con el ecosistema.  

¿Cómo se conecta la piedra, lo milenario con los conceptos de la Bienal desde tu mirada como escultora y artista ?

MI: La piedra es el corazón del planeta que va por cáscaras, nos ha dado un  lenguaje que nos ha mostrado diferentes etapas y culturas de nuestra historia, nos llevó a diseñar los primeros utensilios domésticos, las primeras expresiones de arte, diseño y arquitectura. Como humanidad nos hemos interpretados con ella en diferentes etapas de nuestra historia, es muy lógico, está todo conectado a lo que somos, por esto la conexión de concepto plasmado en la Bienal me parece profundo e inteligente, fue muy bien conceptualizada la “resonancia”. Este tema es muy natural para nosotros como chilenos, viviendo entre la cordillera llena de fuego, el pacifico resonante y las placas tectónicas que nos mantienen en un eterno movimiento. Me hace mucho sentido el haber sido sobresalientes con este gran premio. Mi mirada como artista es que el diseño y el arte caminan juntos, es un sentido natural de la cultura, es nuestro patrimonio territorial dentro del planeta en cada época, ya que vamos escribiendo nuestra historia.

¿Qué sientes al ver tu trabajo expuesto en la Bienal de Londres?

MI: La verdad es que me emociona mucho poder haber realizado este gran trabajo y haber tenido lo necesario para interpretar lo que el equipo creador del proyecto y concepto propuso para esta Bienal. En esencia fue lo que dio el primer premio y que permitió a cada uno poder realizar y materializar lo presentado en Londres. Es un lujo ser parte de este equipo de capos dentro del diseño nacional, fue una fusión perfecta de interpretación de la conciencia del momento, el origen y la tecnología de punta, son herramientas que deben caminar juntas dentro del planeta. 

¿Cuál fue tu trabajo dentro del equipo curatorial en el London Design Biennale 2021?  

CU: Mi rol en el proyecto, fue ser curadora del equipo de un equipo de cuatro personas, siendo yo la única mujer. La curaduría implica ser parte central de la propuesta del pabellón: “Resonancias Tectónicas”, por ello trabajamos en conjunto tanto en la conceptualización de las temáticas como en la propuesta museográfica e invitamos a personas especializadas en ciertos ámbitos para llevar a cabo lo que buscamos transmitir. Los curadores elegimos lo que se va a mostrar como conjunto y la conexión entre las distintas piezas exhibidas, por ende, no se pueden separar los procesos porque el pabellón se entiende desde su totalidad, desde su unidad. Igualmente, al ser diseñadora, naturalmente estoy diseñando las interacciones y el recorrido que queremos que los visitantes experimenten en su visita por la sala. Esta puede ser lineal o incluso podría ser abierta y ser los visitantes quienes tracen su recorrido. Sin importar el resultado, un buen diseño debe contemplar -o al menos establecer- cómo la muestra se presentará al público. En mi caso particular y al tener la suerte de estar en Londres al momento de la Bienal, también me tocó estar presente en el proceso de montaje y desmontaje; presentación del pabellón frente al jurado; ser de guía de sala en variadas oportunidades y participar de los eventos propios de la Bienal, algunos digitales pero en su mayoría presencialmente incluyendo la premiación.

¿Cuáles fueron los conceptos que acuñaste o elementos que te llamaron la atención en la investigación del proyecto relacionados con la resonancia?

CU: Creo que lo más potente fue indagar más en el fenómeno mismo de la resonancia, que me hizo entenderla desde múltiples perspectivas. Aprendí que de cierto modo somos “seres en resonancia” y que existimos en relación a un otrx. Con esto me refiero a que somos seres en constante vibración, y esta agitación puede sintonizar, traspasarse e incluso potenciarse con otra. Una onda viaja y choca con otra entidad que la detiene en una primera instancia. Luego, dependiendo de su materialidad la absorbe, la proyecta en otra dirección o la refleja en dirección opuesta. Este freno de onda permite delimitar y estructurar el espacio, y por ende nos configura a nosotros mismos. Si esa onda no encontrara con otra materia, no podríamos desdibujar nuestros cuerpos, es decir, seríamos incapaces contornearnos a nosotros mismos. De igual modo, el concepto de “resonancia” se conecta con los términos: recuerdo, memoria y con el verbo rememorar. Algo que resuena, es porque se encuentra con substancias que conecta con saberes pasados, haciendo visible aquello que parecía invisible en nosotros. Por medio del golpear las piedras del pabellón queríamos precisamente, reconectarnos con nuestros saberes ancestrales. 

¿Cuándo partió tu investigación con el tema del pabellón y cómo se relaciona con el trabajo de Macarena Irarrázaval y Valentina Aliaga? 

CU: Mi investigación partió desde la génesis de la propuesta con los otros tres curadores, desde cómo íbamos a abordar el tema y presentarlo en el extranjero hasta la investigación y desarrollo de los contenidos que queríamos comunicar. El trabajo de Macarena, su conocimiento sobre las propiedades de las rocas y su gran talento y maestría con el trabajo de la piedra, nos conquistó como equipo curatorial. Así, empezamos a viajar -dentro de lo que la pandemia nos permitió- a Pichilemu donde actualmente tiene su taller a metros del mar y tuvimos las primeras reuniones para presentarle la propuesta y que ella nos aportará con sus conocimientos. Después nos dimos cuenta que había un vínculo más profundo, ya que teníamos familia de por medio que nos conectaba aún más. La sensibilidad de Macarena para sentir las piedras, trabajar este material tan pesado y duro, y transformarlo en la propuesta buscada, me hizo aprender a mirar las rocas con otros ojos. A Valentina la conocí más avanzado en el proceso, ya que luego de que la propuesta estaba consolidada, los contenidos determinados y ya teníamos el diseño de los litófonos, ella se integró al equipo para trabajar toda la parte gráfica presente en los muros de la sala. Su capacidad de sintetizar información y traducir contenidos duros a gráficas con diferentes niveles de información, le dio la riqueza de información dura e intelectual extraída de datos potentes al pabellón. Por ejemplo, graficó, la cantidad de toneladas de material extraído de las mineras al año; las comunidades de resistencia que existen actualmente en el territorio o visualizar la importancia de Chile como proveedor global de Litio. 

Comentas en este proceso anterior a la Bienal que caminaste por el desierto mucho y que había a veces que solo encontrabas una o dos piedras que sonaban, ¿cómo fue este transcurso? ¿te frustrabas? ¿qué pasabas cuando descubrías una roca sonora en explanadas enormes en Los Andes? 

MI: Este proceso investigativo fue impresionante y mágico, fue el que me llevó a varias teorías. Como menciono en la oratoria para el Instituto Cervantes, fui descubriendo que dentro de una gran cantera solo algunas rocas sonaban, lo mismo pasó en el desierto de Bahía Inglesa, caminábamos por lugares llenos de piedras tocándolas una a una y descubriendo que el regalo estaba en algunas, era una juego de niños. Pasó en diferentes partes del recorrido hecho en la cordillera, esto me dió varias teorías. Paralelamente con el conocimiento que existían en diferentes lugares este tipo de piedras sonoras dentro del planeta, más el significado de la Cordillera de los Andes en teoría Cuántica. Se dice que es el Kundalini de América, es decir la columna vertebral de la madre.

¿Cómo fue descubrir las voces de las piedras después en tu taller?

MI: Fue un descubrimiento de investigación increíble, un regalo de sonidos y melodías, todos los días se transformaban estas en piedras rítmicas. Había mucho trabajo realizado, ya que el proyecto requería formatos livianos para ser trasladados en avión, dando un desarrollo de ejecución complejo. Muchas piedras, al ser modificadas, dejaban de sonar, al igual que pasaba con el temple del medio ambiente. Según la temperatura sonaban más o menos lo que me llevó a crear un trabajo muy delicado en cuanto a diseño, ya que la naturaleza te da un lenguaje y tienes que saber leerlo para llegar a la armonía perfecta. Más aún dar con el corazón que necesitaba la interpretación de este gran proyecto, la libertad de tomar la experticia desarrollada en mis años fue un desafío y un crecimiento a otra dimensión de la materia natural. Se abrió un portal a otro lenguaje, a eso me refiero con la voz de la tierra, es comunicación naturalmente sincrónica con ella misma, es increíble las reflexiones que uno puede tomar. Una muy importante que se me dio, fue darme cuenta que todo está ahí frente a nuestra mirada, y como sociedad hemos sido ciegos y sordos en nuestro desarrollo, siento que necesitamos silencio para poder escuchar. Mis colaboradores en este proceso fueron, un cantero chileno de mi edad, Manuel Galaz, que ha sido mi ayudante en diferentes procesos de las esculturas de gran formato. También mi hijo Baltazar, y un amigo del taller chileno Haitiano llamado Majahya, quien con su ritmo originario. Él supo cómo llevar las melodías que se estaban palpando.

En la charla que diste para el Instituto Cervantes en Londres “Diseño, Shaping the world in spanish” a raíz de la Bienal de Diseño y el Pabellón de Chile, el 22 de junio de este año, comentas que siempre has trabajado con los materiales que te da la naturaleza, y que te encontraste con el mármol de Atacama, en Calama, y dices “el mármol me habló” ¿a qué te refieres con esa frase, en relación con sus sonidos?

MI: Bueno es una expresión metafórica llevada oníricamente al contexto del tema de la Bienal, que fue la resonancia. Poniendo mi experiencia en lo real, algo que he aprendido, es que todo tiene un ritmo o un sonido, con esto me refiero que hasta el silencio suena, somos un planeta en constante vibración, dentro de las piedras esos sonidos llegan a ser melodías agudas. Hace un par de años empezaron a valorizar unos yacimientos de mármol travertino que existen en Calama, me tocó conocer esta piedras en un Simposio Internacional de Escultura en el 2015, donde  compartí mucho con Vicente Gajardo gran escultor chileno. Ahí reflexionamos sobre la música que existía dentro de esta cantería escultórica, ya que escuchamos las melodías en estos bloques de mármol. Ese mismo año realicé un viaje a las canteras a descubrir los yacimientos donde adquirí unos bloques para crear una colección de obras de gran formato. Dentro del desarrollo de este trabajo fui grabando sonidos y descubriendo en más profundidad estas voces de la piedra o Ringing Rocks, como le dicen en otras partes del planeta.

¿Cómo nació el nombre de la muestra? 

CU: El nombre del pabellón surgió como una sinergia entre el tema central de la Bienal para este año, bajo la curatoría general de la destacada diseñadora británica Es Devlin quién convocó a diferentes países a presentar propuestas bajo la temática de “resonancias” y nuestra propuesta de pabellón donde trabajamos como concepto macro: la investigación conceptual y material del sonido de las piedras andinas, las propiedades sónicas naturales de las rocas a lo largo del país, considerando por supuesto los movimientos telúricos característicos de nuestro territorio. De allí nació la combinatoria “Resonancias Tectónicas”.

Mencionaste en la misma charla que antes conversamos que hay una voz de la tierra que trata de decirnos algo, que nos está tratando de transmitir una conciencia, y nos está llevando a una intimidad de la que ya no podemos hacer, sino sólo sentir y ver. De una unión entre el ser humano y la tierra. ¿Cómo se manifiesta esta idea con tu trabajo en la Bienal?

MI: Me quedó la sensación  que existen códigos dentro de estos sonidos, tal vez algo de las comunicaciones del origen planetario y nuestro futuro. Al investigar los puntos neurálgicos donde se encuentran los lunares de piedras sonoras dentro del planeta, deja una puerta abierta a pensar en la conexión de todo esto. Esta pequeña investigación me lleva a la reflexión de que recién estamos cruzando el portal y entrando a la conciencia de escuchar otro tipo de comunicación. Tal vez nos sorprenda y demos una vuelta a nuestra conciencia y descubramos el verdadero origen de la existencia.

 ¿Cómo fue la experiencia de tu viaje en plena pandemia en búsqueda de piedras sonoras?

MI: Me favoreció y por eso tuve la certeza de que podía realizar este proyecto en las condiciones de pandemia. Tengo mis rutas habituales dentro de Chile, viajo por lo menos dos veces al año hasta el infinito del sur o del norte, descubriendo paisajes y materiales, en cada puerto hay un buen contacto. Realmente todavía estoy impactada del terror que invadió el planeta de un día para otro,  personalmente siento que el miedo es otra enfermedad, la cual me mejoré hace años, por eso me atreví a tomar este gran desafío. Realicé un plan de trabajo bastante estrecho por la situación país, formé un equipo pequeño y necesario. Con Sandra Jorquera (audiovisual) fuimos con su cámara y un chofer amigo. Partimos el viaje en la madrugada de fines de abril del 2020, debíamos llegar a Atacama antes del toque de queda que era a las 22 horas. Nos estaban esperando unos amigos que nos ayudaron en la búsqueda, al salir de  Pichilemu, donde vivo, realmente fue una realidad impactante, lleno de militares en cada ciudad, colas tremendas para poder desplazarse, restricciones, mascarillas, desinfectante para manos, permisos para pasar de una región a otra, dar explicaciones de tu viaje, de tu vida , del por qué. Para lograr llegar al destino era una complejidad tremenda, para filmar y extraer la piedra necesaria, y por supuesto el traslado del material al taller de diferentes partes Chile cuando estábamos en movilidad cero. Fue realmente fue complicado y difícil, creo que  no podría haber realizado la búsqueda y concretado el proyecto sin haber tenido todos los contactos que adquirí durante mi vida, fue duro y de mucha reflexión. Esta nueva era, ya estaba planteándose en nuestro planeta. 

¿Cómo han sido su rutas creativas, desde sus localidades hasta llegar a este gran premio?

MI: Difícil pregunta, llegué a los veinte años a esta zona, no realicé estudios formales, lo que tenía como certero era mi camino a través de la creatividad, trabajé muchísimo durante años, bueno todavía. La ruta creativa fue siempre instintiva y a través de la naturaleza, siempre recogí lo que mi patio me regalaba y con eso creaba. Mi obsesión por la técnica, para poder llegar a procesos creativos limpios fue el motor de trabajo, realmente un camino arduo y riguroso, más viviendo lejos del centro económico del país. Fui, busqué y encontré un camino de vida, me formé con los años y he logrado crecer como persona y artista. Realmente creo que este proyecto era naturalmente para mi, es lo que en esencia soy. Fui caminando ese largo trecho entre las artes y el diseño y formando una interpretación entre sobrevivencia. La única forma de gestar es la  intimidad que he vivido, es un regalo que la naturaleza me entregó.

CU: Lo que me ha apasionado desde que entré a estudiar diseño es el gran tema de la comunicación y es lo que vengo explorando hace más de diez años. Me gusta sentirme como una facilitadora, una traductora de información por medio del uso del diseño, sus herramientas gráficas y su maravillosa posibilidad de prototipar y testear antes de concretar una idea. Luego quise profundizar en la gestión cultural por todo el tema de relacionarme con otrxs y funcionar en equipos de trabajo para llevar a cabo proyectos relacionados con la cultura, donde de igual modo, mi rol es casi como el de una pieza central de engranaje que conecta y permite funcionamiento y paso de información de una máquina más grande. En la actualidad, estoy expandiendo mis conocimientos a algo aún más amplio que es la comunicación visual donde sin duda, hay lugar para el diseño y la gestión cultural. El programa que estoy estudiando en Inglaterra incluye dentro de la comunicación el diseño sonoro y las artes mediales por lo que es un entendimiento mucho más abierto al tema comunicativo. Como diseñadora he elegido seguir un camino por el área editorial y la investigación donde he publicado dos libros: “Luis Fernando Rojas Obra Gráfica 1875-1942” (2015) y recientemente “La Ciudad como Texto” (2020) además de participar de diversos congresos internacionales de historia y estudios entorno al diseño: Buenos Aires (2015); Taipei (2016); Medellín (2018); Barcelona (2018); Guayaquil (2020); Quebec (2021).

¿Qué podrían aconsejarles a las personas que quieren seguir el camino de la creatividad y la cultura? 

MI: Creo que el consejo en estos tiempos tiene poco valor, solo puedo decir que crear es constancia, perseverancia, mucho trabajo, transparencia. Ser escultor es cojonudo, es plasmar en la materia la verdad de cada uno, es una guerra permanente con la materia y la economía. Siempre este esfuerzo te da lo que necesitas, es desafío y en ocasiones sufrimiento, es forma de vida y de constante crecimiento, es sanación y entrega. 

CU: ¡Qué difícil aconsejar en caminos y pasiones tan personales! Pero me atrevo a decir que sea lo que sea que desee emprender debe sentirse plenamente motivado, escuchando sus pulsiones aún sin poder definir exactamente lo que quiere. Yo no sé si tengo claro lo que quiero hacer, pese a que me lo preguntan regularmente. Sin embargo, he sabido aprender a escucharme y tomar proyectos que me motivan e importan y son justamente los que más mueven los que han terminado dando los mejores frutos a pesar del tremendo esfuerzo invertido sobre todo en los proyectos culturales. Me gusta guiarme por la mirada que me enseñó mi tío abuelo Hugo Marín y mi madre, quienes me mostraron que no era bueno definirse ya que eso era muy atemporal porque la gran verdad es que uno está siendo en todo momento, y ello está sujeto a cambio. Eso me ha servido también para no juzgar a las personas, sino que verlas y entenderlas en momentos particulares que estén viviendo, dignificándolas y aceptando a los otrxs en sus procesos. ¡Que busquen elegir proyectos donde pongan su corazón y que los mueva, esos son los que que valen la pena y brillarán más!

¿De qué manera sientes que los mensajes centrales de la Bienal se lograron transmitir a las personas que fueron a verla? 

CU: Siento que el hecho de haber sido un pabellón interactivo que llamaba a los visitantes a percutir los litófonos y activar las pantallas, hizo que se generara una atención más fuerte en comparación con otras salas. De igual modo, al ser la sala bastante oscura -por el imponente azul con que pintamos todos los muros de la sala- generaba un cambio en el tránsito de las personas al momento de recorrer la muestra total. El pabellón tenía varios niveles de información dispuestos en diferentes formatos y distintas ubicaciones a lo largo de la sala, por lo que me pareció que dependiendo del interés personal de cada visitante, estos podrían profundizar más y más. Por ejemplo, lo básico fue entender que se podían percutir las piedras y escuchar los sonidos; luego percatarse de que tres las pantallas grandes reaccionaban a esta interacción; si se deseaba saber del proceso de construcción de los litófonos estaban las seis pantallas pequeñas donde habían videos de la búsqueda de piedras combinando paisajes de Chile con el proceso de recolección y trabajo de la piedra por parte de canteros y artesanos; y finalmente hubo personas que leían atentamente toda la información de los muros donde se profundiza más y más en los temas centrales y en el extractivismo.

Carola Ureta Marín, diseñadora PUC y Magíster UC en Gestión Cultural especializada en proyectos editoriales y diseño gráfico ligados al desarrollo cultural. Es directora y creadora del proyecto La Ciudad como Texto, plataforma lanzada en Julio de 2020 que permite recorrer La Alameda al día 36 del Estallido Social. Es coautora del libro Luis Fernando Rojas: Obra Gráfica 1875-1942, obra premiada como Mejor Edición 2015 y adquirida por el Ministerio de Educación; y es parte de la plataforma digital Diseño Nacional que corresponde a un archivo digital gratuito de gráfica chilena. Participa en congresos internacionales de estudios e historia del diseño: Taipei (2016); Medellín (2018); Barcelona (2018), Nueva York (2020). Actualmente, forma parte del equipo curatorial de la London Design Biennale 2021, representando al pabellón de Chile y se encuentra realizando un Máster en Comunicación Visual en Royal College of Art, Reino Unido. www.carolaumarin.com

Macarena Irarrázaval ha desarrollado incursiones tempranas en escultura, dibujo e historia en la Escuela de Artes de Mulato Gil en Castro y la Pontificia Universidad Católica de Chile. En 1994 se instaló en Pichilemu trabajando en forjar, madera y piedra con herreros y carpinteros locales. Inspirada en la naturaleza, desarrolla un expresionismo de líneas simples, logrando integrar materiales con una expresión única. Como escultora, ha realizado obras para el espacio público, exposiciones y simposios internacionales. Como diseñadora de muebles, crea tanto colecciones como muebles escultóricos. Hoy en día, su taller ubicado en Cahuil está abierto para enseñar artes y oficios a la comunidad.